¿Qué quiere decir Nunca Más?


|Por: Gearóid Ó Loingsigh|

 

Hace poco leí un artículo escrito por el excomisionado de la verdad en Colombia y académico de la Universidad de los Andes, Alejandro Castillejo, titulado ¿Enseñar después de Gaza?: La indiferencia perpetúa la barbarie.[1] Como su título indica, se trata de Gaza pero repasa otros conflictos, como Ucrania y también el propio conflicto colombiano.

 

En el texto se plantea una pregunta “Y cuando decimos Nunca Más, exactamente ¿nunca más qué?” Es una buena pregunta, una que no se hace tanto, y él habla de las continuidades, pues Gaza sigue y luego del genocidio seguirá, no terminará en un punto preciso, citable. Quisiera abordar otro aspecto de esa pregunta. Érase una vez que las organizaciones sociales en Colombia, las ONG, los grupos de izquierda, tanto legales como ilegales, reformistas (algunas ilegales) como revolucionarias (algunas legales) tenían muy claro que querían decir ellos cuando daban voz a la consigna Nunca Más. Es una frase común. Existen unos informes hechos por organizaciones  colombianas que llevan ese título. Tuve el honor de contribuir con mi trabajo de campo a los primeros dos informes sobre la Zona 14ª.[2] Fuera de Colombia, más de un informe de la verdad también lleva ese nombre, como el informe REMHI de Guatemala,[3] o el informe sobre los desaparecidos en Argentina.[4]  Todos lo teníamos claro, no queríamos que se repitiera la terrible noche. Hablamos del baño de sangre y mucha gente también tenía claro que no querían que se repitieran las circunstancias que lo hicieran posible, hasta necesarias y justificables desde la óptica del Estado y la burguesía (frase desgraciadamente en desuso en los tiempos que corren).

 

Hoy en día, parece que nadie lo tiene claro. La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) entiende el Nunca Más, como nunca más las FARC y alguna que otra “manzana podrida” de las fuerzas militares del Estado. La Comisión de la Verdad, no tenía la más mínima idea de lo que entendían por Nunca Más, más allá de algún aborrecimiento general, no específica, de la violencia en sí pero no del sistema y circunstancias que dieron lugar al baño de sangre y menos a los ríos de sangre que siguen regando y surcando los campos del país. La Comisión absolvió al Estado de los mal llamados Falsos Positivos con un saldo reconocido y aceptado por el Estado de 6.402 víctimas. Era un crimen de Estado, actos de terrorismo de estado, unos crímenes tan atroces como era evidentes. Para la Comisión no era una política de Estado, llevar jóvenes pobres al campo, vestirlos de guerrilleros y asesinarlos para presentarlos en sus partes de guerra dentro de una batalla mediática que buscaba demostrar que el Estado ganaba la guerra. Si no era política de Estado, entonces cuando decimos Nunca Más, ¿decimos que el Estado no cometa semejante crimen en el futuro? o ¿que a miles soldados enloquecidos no se les ocurra poner las botas al revés a un joven civil que acababan de asesinar y vestir de guerrillero?  En el primer caso, sería algo exigible al Estado y en el segundo, si realmente fueron actos de locura de los soldados, pues hasta el Estado sería otra víctima de semejante locura.

 

Hasta los paramilitares deciden de vez en cuando, No Más, en vez de Nunca Más. En zonas donde desplazaron a toda la población no hace falta que sigan asesinando.  Pueden decir No Más. Con grupos como la Unión Patriótica que ellos diezmaron, o grupos como A Luchar que desaparecieron, ellos también dicen No Más. No es necesario seguir asesinando porque el trabajo sucio está hecho, o por lo menos llegó hasta un punto que logró su propósito. Si hace falta repetirlo, pues lo repiten por eso no dicen Nunca Más. Esa yuxtaposición del No Más con Nunca Más demuestra la banalidad de la consigna hoy en día. ¿Realmente es Nunca Más o hablan de un “hasta la próxima vez que sea necesario”?

 

Si tomamos algunos ejemplos de la violencia en Colombia, podemos ver cuán vacía es el refrán Nunca Más. En los 90, los niveles de violencia en el puerto de Buenaventura comenzaron a aumentar dramáticamente por diversas razones. No se puede reducir la violencia a un solo hecho o a un solo motivo. Sin embargo, hay factores que pesan, y no pretendo reducir la explicación a algo simplista pero podemos señalar a la privatización del puerto como un factor clave en el aumento de la violencia.

 

En 1991, siguiendo las recomendaciones del Banco Mundial, Colombia en el marco del creciente avance neoliberal privatizó a los puertos del país. En el caso de Buenaventura, eso resultó en pérdidas de puestos de trabajo en el puerto, una reducción fuerte en los sueldos, ambas cosas impactando las economías de los barrios donde los trabajadores gastaban sus salarios, aumentando la pobreza en general en la ciudad. Los trabajadores del puerto podían aplicar para becas para el estudio de sus hijos, pero con la privatización eso desapareció, así reduciendo el mercado laboral y las posibilidades de salir de la pobreza mediante el estudio. Luego vinieron los planes para expandir el puerto y masacres como la de Punta del Este, entre otras, para desplazar a los que vivían donde iban a construir las nuevas zonas portuarias. [5]  Así cuando decimos Nunca Más, es obvio que no quieren que maten a jóvenes en esta ciudad, si ven otra opción, pero ¿el Nunca Más incluye a los planes de privatización y expansión del puerto?

 

O podemos mirar la violencia en las zonas mineras del país, como el Sur de Bolívar (oro) o el Cesar y la Guajira (carbón). Vemos de nuevo la mano de los hombres grises, los banales del banco mundial, FMI, o entidades estatales quienes como Eichmann no mataron a nadie directamente sino movieron papeles sabiendo cuales iban a ser las consecuencias de esos trámites burocráticos en que participaron y sabiendo que esas nuevas realidades que querían imponer requería altos dosis de violencia.

 

El BM venía promoviendo la expansión minera en América Latina desde los 80, aboliendo restricciones sobre la inversión extranjera, exportación de capital etc. En el caso colombiano no les hizo falta hacer tanto, la burguesía nacional hizo el trabajo sucio, sin siquiera un guiño del ojo de los hombres grises del BM. Una figura clave en eso fue Ernesto Samper, el mandamás del país entre 1994 y 1998. Valga tener presente que este sátrapa le gusta presentarse como defensor de derechos humanos, cuando en su gobierno legalizó al paramilitarismo, y ahora es uno de los defensores acérrimos del actual gobierno de Gustavo Petro. De 1994 a 1998, no sólo fue el presidente del país sino el dueño de varias empresas mineras. Intentó hacer un nuevo código minero pero la Corte Constitucional lo tumbó. En 1998, Andrés Pastrana, otro sátrapa y empresario minero tomó el relevo como presidente del país e implementó un nuevo código minero, actualmente vigente.[6]

 

Durante todo ese proceso arreciaron las masacres en el Sur de Bolívar y demás regiones mineras del país, mientras los paramilitares intentaron tomar dichas zonas para las multinacionales. En el caso del Sur de Bolívar fueron muy explícitos en eso.  Luego de asesinar al dirigente Juan Camacho Herrera, jugaron fútbol con su cabeza, lo pusieron en una estaca mirando hacía las minas y declararon que venían para entregar el recurso a otra gente que haría, según ellos, un uso más racional. Así, cuando decimos Nunca Más, ¿quiere decir Nunca Más a los planes nacionales e internacionales para tomar control de los recursos mineros? O ¿sólo dicen que ya no van jugar fútbol con las cabezas de quienes se oponen a dichos planes?

 

Las discusiones hoy en día en Colombia se centran sobre la violencia como algo ajeno a los proyectos económicos y se habla de los individuos. La consigna es que paren la guerra, pero pocos dicen que paren los planes del BM, FMI, los poderes imperialistas como los EE.UU. y Europa.  Cuando el presidente de la Comisión de la Verdad habló ante la ONU dijo:

 

Hemos comprendido que la solución al conflicto armado se hace desde el respeto a cada persona como un ser igual y que debemos respetar a cada niño y niña indígena y afrocolombiano con la misma determinación con que se respeta y cuida a los presidentes, a los grandes ricos, a los doctores, a las personalidades, a los generales de los ejércitos. Que se caigan todos los cultos a las personalidades y a las dignidades y nos amemos y respetemos unos a otros como portadores de la misma dignidad. Y que en Colombia y en el mundo todos y todas contribuyamos a impulsar una nueva ética basada en la dignidad humana, y la apoyemos desde todas las tradiciones espirituales.[7]

 

Pasen el bareto, saquen la guitarra y canten Kumbayá y besen unos a los otros. En sus discursos y en el informe de la Comisión, no se cuestiona el modelo económico, de hecho mediante los términos de referencia limitaron a los investigadores y hasta prohibieron tocar ciertos temas, como el papel de los bancos, las instituciones e incluso el papel de los EE.UU. en conflicto, el cual se quedó regalado a comentarios sueltos sin mayor profundización. Así Nunca Más, quiere decir que nunca más mostremos una falta de respeto al otro y que no recurrimos a la violencia para resolver diferencias.

 

Pero esa violencia no es fortuita y las balas, los machetes, los motosierras sólo son usados cuando la primera víctima de los planes económicos se niega a ser sometido.  Así, el Nunca Más se convierte en ¡acepten el orden establecido y sus planes! Un Nunca Más a la violencia que dice poco de la violencia estructural, es una exhortación a la rendición y es un Nunca Más hasta que sea necesario recurrir a la violencia para imponer la voluntad de la clase capitalista. Nunca Más por el momento, como en Gaza.



[1] Castillejo, A. (2024) Enseñar después de Gaza?: La indiferencia perpetua la barbarie. Revisa Raya Mayo 16, 2024. https://revistaraya.com/ensenar-despues-de-gaza-la-indiferencia-perpetua-la-barbarie

[2] Aunque el Proyecto Nunca Más cambió mucho desde su fundación en 1995 en cuanto a participantes y dirección, algunos informes están disponibles en la página https://nuncamas.movimientodevictimas.org

[5] Véase capítulo Los Puertos: Importando el Terror, Ó Loingsigh, G. (2013) La Reconquista del Pacífico: Invasión, Inversión, Impunidad. PCN. Bogotá. https://www.academia.edu/23970346/La_reconquista_del_Pacífico

[6] Véase Ó Loingsigh, G. (2003) La Estrategia Integral del Paramilitarismo en el Magdalena Medio. Organizaciones Sociales. España. https://www.academia.edu/96631813/LA_ESTRATEGIA_INTEGRAL_DEL_PARAMILITARISMO_EN_EL_MAGDALENA_MEDIO_DE_COLOMBIA

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